Podemos reconstruirnos. Hacer algo con lo que nos pasó y volver a avanzar a partir de ese problema o esa desgracia vivida. El mayor experto en resiliencia, el psiquiatra Cyrulnik nos explica cómo.
Cuando uno llega a los sesenta años, como es mi caso, raro es que no hayas recibido golpes duros. He perdido a seres queridos, algunos muy jóvenes, amigos e incluso a un hermano. He fracasado en proyectos en los que había invertido mucho tiempo y esfuerzos, o simplemente me han despedido de trabajos que consideraba estables.
De todo eso he salido. Con cicatrices, pero he salido entero y con fuerzas. Me han dicho que es por mi capacidad de resiliencia. ¿Y de dónde me viene? ¿La tenía genética o he sabido crearla?
A mí me ha ayudado siempre mucho relativizar. Tengo como un mantra: los estudios que se han hecho a las personas con enfermedades terminales y que están en cuidados paliativos.
Casi todos se reprochaban haberse preocupado en exceso por cosas que en perspectiva no eran tan importantes. ¿De qué me voy a quejar yo, comparado con ellos?
La fuerza de la resiliencia

La resiliencia no es un don innato, sino una capacidad para crecer y recobrarse de un trauma. ISTOCK
No pretendo ser ejemplo de nada, sino solo exponer una fórmula que a mí me ha funcionado. Otros encuentran fuerzas apoyándose en personas de su entorno o mirándose en el ejemplo de figuras a las que admiran.
La resiliencia tiene muchos caminos. Es lo que nos enseña el psiquiatra Boris Cyrulnik, el verdadero maestro a la hora de tratar el campo de la resiliencia.
Cyrulnik, que vivió en su infancia el horror nazi, con la muerte de sus padres y él escapando por poco de los campos de concentración, ha dedicado su vida a estudiar y explicar cómo superar cualquier tipo de traumas.
La resiliencia, nos dice, no es un don innato, sino una capacidad para crecer y recobrarse de un trauma. No ignorándolo, sino partiendo de lo que ha pasado.
No se trata solo de resistir

De todo lo que nos pasa en la vida podemos extraer un aprendizaje. ISTOCK
“La resiliencia no es más que resistir, es también aprender a vivir”, explicaba. La vida es una sucesión de momentos felices y de momentos tristes. Con todos hemos de saber convivir.
A la alegría de un nacimiento le sucede la tristeza de una muerte. A un triunfo, un fracaso. Y asumir este vaivén y equilibrarlo es la forma de que no te caigas del todo. “Cada fracaso en la vida me ha enseñado algo que necesitaba aprender”, decía Charles Dickens.
Así, la resiliencia no es un catálogo de virtudes, sino un proceso que se va tejiendo con el entorno. Esa es la clave.
Cyrulnik no nos propone que seamos el héroe solitario que se salva a sí mismo, sino alguien que rehace su vida a partir de vínculos con otras personas, de palabras de apoyo que te dices y de tiempo. El tiempo da perspectiva, ayuda a cicatrizar.
La capacidad de volver a construirte

Superar adversidades no es volver intacto a un estado anterior, sino encontrar la forma de avanzar tras la herida. ISTOCK
Este neuropsiquiatra, una de las figuras más populares en Francia, ha pasado buena parte de su trayectoria intentando aclarar esa confusión muy extendida que comentábamos al principio. “Resiliencia no es volver intacto a un estado anterior”, comentaba en una entrevista.
Volver a lo de antes sería curación completa. La resiliencia, en cambio, es retomar un camino posible. La persona herida recuerda, pero no queda sometida a sus recuerdos. Vuelve a avanzar, a reconstruirse.
“La persona resiliente comprende que es el arquitecto de su propia alegría y de su propio destino”, añadía Cyrulnik. Ha caído, pero no ha dejado las riendas de su vida.
Cómo aplicar la resiliencia en tu vida

La resiliencia es un proceso interactivo que no puede hacerse en soledad. ISTOCK
Decir que una persona es “arquitecta” de su alegría puede sonar a consigna de autoayuda, como si todo dependiera de la voluntad individual. Hay que puntualizarlo, porque Cyrulnik, en realidad, ha repetido justo lo contrario.
“La resiliencia es un proceso interactivo que exige encuentro. Solo, no hay resiliencia posible”, matizaba en otra ocasión.
En su obra, hablar con otros o con uno mismo es una forma de reorganizar lo vivido. Poner palabras al golpe. Sobre todo, cuando existe otro que escucha, ayuda.
El apoyo social, el apego seguro de familiares y ciertas habilidades de autorregulación, son herramientas de las personas resilientes. Y recuerda que el sufrimiento inicial suele ser normal y probablemente adaptativo. Ayuda a asimilar el cambio.
La importancia de Cyrulnik

En la etapa de la madurez, todo se relativiza mejor. ISTOCK
La resiliencia es hoy un término popular gracias entre otros a Cyrulnik. Eso explica también su enorme influencia.
Ayudó a sacar la resiliencia del lenguaje técnico para convertirla en una conversación pública sobre infancia, apego, trauma, educación y salud mental.
Reconozco que he llegado hace relativamente poco tiempo a él y sus escritos. Justamente cuando hablaba de la etapa en la que entro. “A los 60 años, ya no podemos engañarnos -escribía-. El cuerpo, la memoria y las emociones hablan juntos sin vacilación.”
A los 60 años, la resiliencia se vive con otra perspectiva. A veces hace falta tiempo para que ese junco torcido vuelva a verse plenamente enderezado. Desde la madurez, todo se relativiza mejor.



